Vengo de andar mi país

 Un grito de ida y vuelta


Es de andar el país que traigo el rostro

azotado de polen, azotado

por un mapa desmedido,

por una enormidad de olvido largo.


Pasan las estaciones como tumbas

mientras los trenes pasan

desvaneciendo ranchos y chilcales

y regiones de arena interminable.

A veces queda en la pupila, ardiendo,

la sal de una mirada

donde la muerte talla en la pobreza

algún niño de trapo,

y aquella vasta soledad que crece

en la geografía del espanto.


Vengo de andar país. No impunemente

tengo un país delante.

Su gaviota a mi puerta. Sus raíces

de guitarra en la sangre.

Por ser nomás, no soy. Soy si me incumbe

entera su distancia.

Ando territorial y amaneciendo

en el velamen de su madrugadas,

protagonista de su luz enorme

como una llamarada.


Por eso cuando vuelvo no me puedo

el silencio que me traigo.

De ver el país por dentro no me caben

los ojos en la cara:

rostros y voces, nombres y apellidos

me acosan preguntando

por el futuro que jamás empieza,

por la reforma agraria,

por las postergaciones y el bochorno

del latifundio rata,

por el sometimiento que nos urden

a espaldas del alba,

por el miedo animal que merodea

con sus brujas gendarmes,

por los niños que crecen casi inermes

entre tanta mentira organizada,

entre décadas de hambre y de desprecio

y discursos y salmos

que no cree ni dios porque ayer mismo

un niño murió de hambre

y en La Rural un toro batió todos

los récords de subasta

y en Inglaterra a Borges lo nombraron

doctor honoris causa.


Por eso cuando vuelvo demolido

de ver a mi país crucificado

estalla en mi guitarra como un grito

el silencio que traigo.

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en lo posible

decile algo lindo gil

voy