Entonces qué...?

Grito sordo, de repente rompen filas,
miro entre aturdido y violento,
entre la noche y el día,

estoy amparado
por la fugacidad de las cosas
que pensaba mientras llevé
a un hijo al colegio,

entre las mañanas con olor a mar,
con oraciones de palabras
y palabras muy pesadas,

que nacieron de mi pecho,
que no sé de dónde vienen
y no sé a dónde se van...

Me atraviesa la cultura,
y sobreviene el desánimo,
quién mira entonces
qué es de verdad, qué funciona,

quién pone la mano sobre su propia viga,
y por qué me someto a cosquillear con mi paja,

sacá tus manos sucias de mi ojo.
No me obligues a llamar a mi amigo.

Soy de la época de la idea rota,
del pensamiento pobre,
de la conducta resistente,

del insulto flaco, de la prostitución débil,
he llegado arrastrándome,
aún no me había parado.

Aún miro el globo desde el piso,
aún miro a los de mi condición mentirse,
observándose por sobre los hombros...

Y claro, si no tuvieran los hombros...
por los cuales sobre mirarse,
realmente estarían a otra altura,

pero a quién le importa la nieve en este otoño,
a quién le dará igual, vencer otra locura.

No todo es del demonio,
no todo lo es.
Hay cosas, muchas cosas,
que son tuyas.

De lo malo,
en los pórticos sellados,
no quedó filtro posible a esa pared,
festejé desde temprano conocerla,

hoy he escrito todo esto,
y también pensé en usted.
Voy, porque Whitman se asustó
cuando aún hierve la tetera.

No soy de su costumbre,
nos ignoramos,
cuestiones del idioma,
diferencias de tamaños,
no renunciaré,

tampoco me interesa tener su billetera.

Compre tickets de primera fila para el teatro,
y eso me demostrará que:
lo que necesita es mostrarse y no ver,
compre un auto,
y eso me hará ver que se pierde
de más de un alma que camina
errante, perdida,

he visto en la simpleza del niño
la riqueza de la tierra, sé lo que no tuve,
sé que soy un poco más de otro planeta.

Qué buena resulta la elevación cultural,
qué distinguido te vuelve, que soberbia,
cuánto momento de dedo meñique, 
cuánta solución de implacable purpurina.

Todo verso. Casi todo, pero todo,
todo es verso.

Me quedo con tu caricia de mano débil,
de madre rota,
con tu abrazo vencido
gimiendo el "no puedo más",

con tu insulto, con tu carga,
con tu odio, con tu reacción,
con tu insolencia, damelas a mí.
Dame cada cosa.

Y yo las llevaré por tí.
Yo sí quiero que me duela porque doy,
parece muchas veces que a vos no.

Vos tenés cuatro pesos con setenta
y sos Monroe.
Vos valés un numero sin letras
y sos Trump.

Vos creés que Dios tiene reservados
asientos sector VIP,
vos sentís que sos,
y no te ves ni vos.

Sí vos no soñas un sueño propio,
estás condenado a vivir del sueño
en la visión ajena. Extranjera.

Hay que hacerse cargo,
aún en la mirada de rata,
ausentes, minúsculo o ensoberbecido,
roto en el piso
de palabras rehmas...

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