2013
Tenemos algunos sueños comunes,
caminar descalzos marcando el parqué lustroso,
eso o por ejemplo, mirar el fuego,
consumirse calmo con sorna dulce,
brasa a brasa,
dedicar un día a la tierra
o andar debajo de la lluvia,
besando lágrimas del cielo,
desordenándose el pelo.
Tenemos algunas necesidades comunes
que sabemos que no deben hablarse,
la poesía es para el alma
el chocolate en cobertura,
de la mirada que odia,
de la inocencia que valga,
de la pregunta que se reprime,
en un simple "no me importa",
o un fugaz "no me interesa"...
Necesito a mis amigos.
Los necesito porque son importantes.
Los amo. Los extraño.
A los lejanos, a los cercanos.
A los que se envuelven
papel celofán de amistad,
porque no les queda otra.
A los interesados. A los contreras.
Contrato de ilusión que aboga
en noción pura de existencialismo.
Decido comprender por qué a mi entorno
no le gusta el gesto,
que andará en cinismos,
y prefiero, ser el prefijo cálido,
de tu aumento cristalino.
Para sacarte de un pozo
aún tu fuerza sea mayor que la mía.
Mayor es el que vive en mí.
Mayor es el que vive en mí.
Y participar en cumplir al menos
el uno por ciento de todos tus sueños,
que están vivos, que son ciertos,
y son de Dios,
y son muchos.
Y que sea una emoción.
Esas emociones que causan calamidad
entre los descorazonados,
y que son incomprensibles para los pacatos,
para los obesos que dejan pasar
este colectivo por no correr tres pasos,
pero que se adelantan en la cola
de espera a los codazos.
Para las estrellas,
para las que no se ven a causa de las luces .
Para la ilusión.
Premio que viene a denunciar un adelanto.
Pensé que no íbamos a poder escribirnos hoy.
Sin embargo, sentados en el micro
anunciamos el mensaje.
Detesto a mi viejo hombre
que se sonríe cuando lo miran,
y lo desean,
odio mi ego.
Me avergüenza.
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