Quéhacer
Sé ese mundo que tenemos la responsabilidad de construir...
Esa voz interna que es clara y es serena,
que habla pausadamente
como en un acorde largo, sin distorsiones,
sin impulso disruptivo, permitiendo el nuevo método,
con un resultado que viene de las decisiones,
en la memoria permanente del quéhacer.
La poesía por supuesto,
aquella responsabilidad de nubes y soles,
y rayos y chispas, todo en centelleantes,
imaginadas, creativas, impresas.
En un método.
Cosa que no me atrevía,
salto del pensamiento que debía dar.
En ese mundo que debo construir.
Funcionando animadamente,
amando lo que hacemos,
descubriendo la amabilidad,
los tiempos ajenos escasos,
los que no se acercan ya,
¿Ellos necesitaban algo?
¿Nosotros...? ¿Qué necesitamos...?
Por allá va la multiplicación del fruto,
la precisión de cada disparo.
El pulso este, que no tiembla,
certero, seguro, dispuesto,
a balearme el alma,
con total inocencia,
con entera disposición,
de gotear en poesías de sonidos internos,
cómo si la tierra fuese esa Patria que anhelo,
cómo si la vida fuese este minuto por último,
cómo si todo lo que hago
hiciera en este mundo que estoy construyendo...
Sobre la felicidad y el método.
Sobre la comprensión y la ayuda.
Sobre la disposición y la tarea.
Esta ideología mía, nuestra bah...
Que se cristalizó impresa.
(Si me olvido,
recuérdenme)
Este mundo que tenemos que construir.
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